Por: Lara Bersano Calot, Directora Ejecutiva. Academia Internacional de Lideres Catolicos.
No se trata solamente de un documento doctrinal o teológico: las encíclicas son también una lectura espiritual, social y humana del tiempo histórico que vivimos. Son la voz de la Iglesia entrando en diálogo con los grandes desafíos de cada época. Y Magnifica Humanitas cumplió su objetivo.
Es bueno haber tenido un viaje de 20 horas entre Buenos Aires y la República Dominicana desde donde escribí este artículo. Me dio tiempo de leer las 110 páginas de la Encíclica. Libro en mano, lápiz y papel.
Entre ayer y hoy vi más de 20 análisis escritos por IA. Y otras tantas infografías, todas parecidas. Creo que aún tenemos mucho para recorrer en cuanto a la lectura, el análisis y el conocimiento que esta encíclica nos deja. Estoy convencida que más que otros textos, esta encíclica se lee con anotador en mano. Ni con teléfono, ni con Tablet ni computador. Con lápiz y papel, haciendo carne cada párrafo.
Escribo hoy con un poco más de tiempo porque me han llamado y siguen llamando editores y periodistas. Me piden respuestas, comentarios, frases; por eso, al escribir, se me quedan grabadas los mensajes que nos dejó el Papa.
Vi en vivo la transmisión de la presentación de la Encíclica; el fenomenal trabajo de Cardenal Parolin, las alocuciones de Cardenal Fernández y Cardenal Czerny, de las dos docentes de las Universidades de Durham y de Santa Clara y por supuesto el llamado de Christopher Olah a que todos le critiquen y ayuden en el trabajo de desarrollo de la IA. Todo quedó plasmado en lápiz y papel.

La nueva encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas, vuelve a colocar a la Iglesia en el centro de uno de los debates más importantes de nuestro tiempo: el desarrollo humano en la era de la inteligencia artificial.
Una Enciclica Sobre el Mundo en la Era de la Inteligencia Artificial
Quisiera comenzar precisamente por una aclaración que el propio Santo Padre realizó durante la presentación oficial del documento; el insistió especialmente en que esta no es una encíclica sobre la inteligencia artificial. Es, ante todo, una encíclica sobre el ser humano en la era de la inteligencia artificial.
Esa distinción no es menor.
Porque cuando el centro deja de ser la persona humana, toda revolución tecnológica corre el riesgo de transformarse en una nueva forma de poder, de exclusión o de deshumanización.
Para mí, particularmente, como investigadora y comunicadora que viene estudiando desde hace décadas el vínculo entre comunicación, sociedad y tecnologías emergentes, esta encíclica tiene un valor profundamente especial. Y creo sinceramente que estamos frente a uno de los documentos sociales más importantes de las últimas décadas.
Hay cinco grandes ejes que atraviesan Magnifica Humanitas y que me impactan profundamente. Todos, de una manera u otra, están relacionados con la palabra, el diálogo, la comunicación y la construcción del sentido colectivo.
El primero es la relación entre verdad y democracia.
El Papa León XIV advierte con enorme lucidez sobre el peligro de sociedades donde la verdad queda subordinada a la lógica algorítmica, a la fragmentación informativa o a la manipulación emocional permanente. En una época donde los relatos son construidos, distribuidos y amplificados por sistemas digitales capaces de moldear percepciones colectivas, la defensa de la verdad deja de ser solamente una cuestión filosófica o moral: se convierte en una necesidad democrática.
El segundo eje es la relación entre comunicación e imaginario colectivo.
La encíclica señala algo profundamente contemporáneo: las sociedades no solo se organizan económicamente o políticamente; también se organizan simbólicamente. Los imaginarios colectivos moldean culturas, identidades, vínculos y proyectos comunes. Y hoy, buena parte de esos imaginarios están mediados por plataformas tecnológicas globales.
Por eso León XIV insiste tanto en la responsabilidad ética de quienes comunican, educan, diseñan tecnología o participan en la construcción del espacio público.
El tercer eje es la necesidad de una verdadera ecología de la comunicación.
Este concepto me parece particularmente extraordinario. Así como el Papa Francisco habló de una ecología integral en Laudato Si’, León XIV propone ahora pensar una ecología comunicacional: una comunicación que no intoxique, que no destruya el tejido social, que no genere polarización permanente ni agotamiento espiritual.
Vivimos hiperconectados, pero muchas veces profundamente solos. Vivimos saturados de información, pero cada vez con menos espacios de contemplación, profundidad y escucha.
Y allí la encíclica realiza un llamado muy fuerte a recuperar el silencio, la reflexión y la interioridad como dimensiones esenciales de la vida humana.
El cuarto gran eje es la alianza educativa en la era digital.
Aquí el Papa hace un llamado especialmente importante a las escuelas, universidades, familias, instituciones religiosas y espacios formativos. La educación no puede limitarse únicamente a enseñar competencias técnicas para un mercado laboral atravesado por inteligencia artificial. Debe formar criterio, discernimiento, ética, humanidad y sentido trascendente.
La Formación de Líderes en la Era de la Inteligencia Artificial
Esto toca profundamente a nuestra misión en la Academia Internacional de Líderes Católicos.
Porque desde hace años sostenemos que la Doctrina Social de la Iglesia no es solamente un cuerpo teórico de ideas, sino una herramienta viva para interpretar la realidad y actuar sobre ella.
León XIV coloca nuevamente a la Doctrina Social de la Iglesia en el centro del discernimiento contemporáneo. Y esto es profundamente relevante.
La encíclica recupera la tradición iniciada por León XIII con Rerum Novarum en 1891. Nuevos asuntos. Nuevos desafíos. Nuevas tensiones sociales.
En aquel momento, la revolución industrial transformaba radicalmente el trabajo, la economía y las relaciones humanas. Hoy vivimos otra transformación igualmente profunda: la revolución algorítmica y digital.
Y del mismo modo que León XIII leyó los signos de su tiempo y respondió pastoralmente a ellos, León XIV nos invita ahora a discernir los signos de esta nueva época.
A partir del párrafo 29, la encíclica realiza un recorrido histórico extraordinario por toda la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia. León XIV explica cómo León XIII asumió la cuestión social no como un problema técnico, sino como una misión pastoral sometida a un discernimiento riguroso.
La respuesta siempre fue una visión integral de la persona humana.
Más adelante, el Papa recuerda cómo Pío XI definió la Doctrina Social de la Iglesia como la “carta magna de la acción social cristiana”, profundizando conceptos fundamentales como el salario justo, la dignidad del trabajo, la propiedad privada, la subsidiariedad y la asociación de trabajadores.
Y es especialmente interesante cómo León XIV muestra que cada pontífice fue respondiendo a los desafíos específicos de su tiempo: desde la cuestión obrera hasta la concentración del poder económico global, desde los totalitarismos hasta la crisis de las democracias contemporáneas.
En ese recorrido aparecen también San Juan Pablo II, Benedicto XVI y, naturalmente, Papa Francisco, especialmente a través de Laudato Si’ y Fratelli Tutti.
Y aquí aparece quizás uno de los aspectos más potentes de toda la encíclica: la insistencia en el diálogo.
Francisco hablaba permanentemente del diálogo entre política y economía. León XIV amplía ahora ese horizonte hacia el diálogo entre humanidad y tecnología.
No desde el miedo. No desde el rechazo. Sino desde el discernimiento.
La Torre de Babel o los Muros de Jerusalen?
Hay dos imágenes bíblicas que atraviesan toda la encíclica y que me parecen profundamente iluminadoras: la Torre de Babel y la reconstrucción del muro de Jerusalén por parte de Nehemías.
León XIV utiliza estas dos figuras para diferenciar dos modelos de civilización.
Babel representa una construcción tecnocrática basada en el ego, la autosuficiencia, el individualismo y la concentración del poder.
Jerusalén, en cambio, representa una construcción comunitaria basada en la comunión, la solidaridad y el trabajo compartido.
Y creo que allí está una de las preguntas más profundas que deja Magnifica Humanitas:
¿Qué tipo de humanidad queremos construir en la era de la inteligencia artificial?
¿Una humanidad organizada alrededor del control, la eficiencia y el poder? ¿O una humanidad fundada en la dignidad, la comunidad, el diálogo y el bien común?
El Papa León XIV retoma entonces uno de los conceptos más importantes de toda la Doctrina Social de la Iglesia: el bien común entendido como el conjunto de condiciones que hacen posible una vida plenamente humana.
Y quizás ese sea finalmente el corazón de esta encíclica.
No preguntarnos solamente qué puede hacer la inteligencia artificial.
Sino preguntarnos qué debemos hacer nosotros para seguir siendo profundamente humanos.
Y siempre la Doctrina Social de la Iglesia
León XIV retoma entonces la Doctrina Social de la Iglesia a la luz de los desafíos concretos de la inteligencia artificial y vuelve a colocar en el centro conceptos que, aunque históricos, adquieren hoy una actualidad extraordinaria.
Habla del bien común como ese conjunto de condiciones que hacen posible una vida plenamente humana. Y en este punto el Papa es especialmente claro: el desarrollo tecnológico no puede ser entendido únicamente en términos de eficiencia, productividad o innovación económica. Debe ser medido en función de cuánto contribuye verdaderamente al florecimiento integral de las personas y de las comunidades.
Por eso también retoma el concepto del destino universal de los bienes y la importancia del trabajo digno.

Porque en medio de una revolución tecnológica que amenaza con transformar radicalmente el empleo, la producción y la economía mundial, la Iglesia vuelve a recordar que el trabajo no es solamente una variable económica. El trabajo es dignidad, participación, creatividad, construcción comunitaria y sentido existencial.
Y aquí aparece uno de los conceptos más importantes de toda la encíclica: la subsidiariedad.
León XIV insiste en que en esta época de inteligencia artificial es fundamental fortalecer la familia, las comunidades, las escuelas, las organizaciones sociales y las instituciones intermedias. La subsidiariedad implica que las decisiones deben tomarse en el nivel más cercano posible a las personas y no quedar absorbidas por estructuras gigantescas, impersonales o tecnocráticas.
En tiempos donde plataformas globales, grandes corporaciones tecnológicas y sistemas algorítmicos adquieren cada vez más poder, el Papa recuerda que el ser humano necesita vínculos concretos, comunidades reales y espacios de participación auténtica.
La subsidiariedad, además, va necesariamente acompañada de la solidaridad.
Y León XIV hace una aclaración muy importante: la solidaridad sin instituciones, sin compromiso y sin participación corre el riesgo de transformarse simplemente en asistencialismo.
La verdadera solidaridad implica corresponsabilidad, construcción colectiva y compromiso con el otro.
La encíclica retoma entonces el concepto de justicia social y lo redefine en el contexto de la inteligencia artificial.
Y aquí el Papa es especialmente contundente.
La justicia social en la era digital implica garantizar acceso equitativo a la tecnología, evitar sistemas de vigilancia invasiva, impedir algoritmos opacos que discriminen y combatir la desinformación y los discursos de odio.
En el parágrafo 86, León XIV realiza una afirmación profundamente importante: la Doctrina Social de la Iglesia es también un examen de conciencia de la propia Iglesia.
Sus principios, dice el Papa, deben ser vividos primero dentro de nuestras propias estructuras eclesiales.
Y aquí realiza una interpretación verdaderamente extraordinaria: el bien común dentro de la Iglesia se expresa en el concepto de sínodo; la subsidiariedad se traduce en un auténtico criterio de gobierno pastoral; la solidaridad se alimenta de la Eucaristía; y la justicia exige el saneamiento de las relaciones y estructuras eclesiales.
Más adelante, en el parágrafo 90, León XIV retoma nuevamente las imágenes de Babel y de Nehemías reconstruyendo las murallas de Jerusalén.
Y aquí el Papa formula quizás una de las preguntas más importantes de toda la encíclica:
¿En qué tipo de construcción queremos participar como humanidad?
¿En la lógica de Babel? ¿O en la reconstrucción comunitaria de Jerusalén?
Babel representa el poder concentrado, la soberbia tecnocrática, el individualismo y la ilusión de autosuficiencia humana.
Jerusalén representa el trabajo comunitario, la reconstrucción colectiva, la solidaridad y la comunión.
Llamado a los Laicos
En este punto la encíclica realiza un llamado especialmente fuerte a los laicos. Por eso siento que la Academia Internacional de Líderes Católicos aparece especialmente interpelada por este documento.
Porque León XIV convoca explícitamente a formar líderes capaces de discernir, acompañar y construir comunidad en medio de esta transformación histórica.
En el parágrafo 95, el Papa advierte sobre uno de los mayores riesgos de nuestra época: la concentración de datos, cálculos y algoritmos en muy pocas manos.
Y utiliza una palabra clave: opacidad.
Los sistemas que organizan cada vez más aspectos de nuestra vida social, económica y política son muchas veces invisibles, incomprensibles y difíciles de cuestionar.
En el parágrafo 99, León XIV vuelve a ser absolutamente contundente: no podemos equiparar la inteligencia artificial con la inteligencia humana.
La inteligencia artificial acelera procesos, organiza datos y simplifica ciertas tareas. Pero no posee conciencia, discernimiento moral, interioridad ni experiencia humana.
Por eso el Papa advierte sobre un riesgo muy concreto: permitir que la tecnología debilite nuestro juicio personal, nuestra creatividad y nuestra capacidad de discernimiento.
Y aquí realiza además una advertencia importantísima sobre el impacto ambiental de la inteligencia artificial.
El enorme consumo energético y de agua que requieren muchos sistemas tecnológicos actuales obliga también a pensar la cuestión digital desde una perspectiva ecológica.
Es decir, la ecología integral de la que hablaba Francisco ahora también incluye la infraestructura tecnológica global.
En el parágrafo 103, León XIV insiste en algo central: no debemos delegar completamente las decisiones humanas en sistemas algorítmicos.
Porque eso puede derivar en exclusión, irresponsabilidad política e injusticia.
Y aquí introduce una de las frases más profundas de toda la encíclica:
La inteligencia artificial no es moralmente neutra.
La pregunta no es solamente cómo usamos la inteligencia artificial. La verdadera pregunta es cómo fue diseñada, qué idea de persona humana contiene y qué modelo de sociedad quedó incorporado en los datos y sistemas que la entrenan.
Porque desplaza el debate desde el uso hacia el origen mismo de la tecnología.
Desarme
En el parágrafo 110 aparece además uno de los conceptos más provocadores e interesantes del documento: el llamado a “desarmar”.
Desarmar la lógica de la competencia tecnológica permanente. Desarmar la concentración monopólica. Desarmar la asociación automática entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar los sistemas opacos para volverlos debatibles, transparentes y cuestionables.
Y aquí fue particularmente interesante la presencia, durante la presentación oficial de la encíclica, de figuras vinculadas directamente al desarrollo de inteligencia artificial global, incluyendo representantes de grandes compañías tecnológicas.
Porque el Papa no plantea un rechazo al diálogo con quienes desarrollan estas tecnologías. Al contrario. Los convoca al discernimiento ético y a la responsabilidad humana.
Más adelante, en el parágrafo 115, León XIV introduce dos conceptos que hasta hace pocos años parecían reservados únicamente al ámbito filosófico o académico: el transhumanismo y el posthumanismo.
El transhumanismo aparece como la aspiración de superar las limitaciones humanas mediante dispositivos y mejoras tecnológicas externas.
El posthumanismo, en cambio, propone una hibridación cada vez más profunda entre hombre y máquina.
Y frente a estas corrientes, el Papa realiza una defensa profundamente cristiana de la condición humana.
En el parágrafo 118 introduce un concepto absolutamente revolucionario para nuestra época: el valor del límite.
La enfermedad, la ancianidad, el sufrimiento, la fragilidad o la pobreza no son defectos que deban ser eliminados para alcanzar una humanidad “superior”.
El ser humano, dice León XIV, florece también a través de sus límites.
Qué profundamente contracultural resulta este mensaje en una civilización obsesionada con la optimización permanente.
Más adelante, en el parágrafo 132, el Papa aborda directamente el impacto de la inteligencia artificial en las comunicaciones públicas y políticas.
Advierte sobre las noticias falsas, los datos manipulados, las operaciones de desinformación y la utilización estratégica de contenidos para generar beneficios económicos o políticos.
Y aquí León XIV toca algo profundamente delicado: cuando la confianza social se rompe, las personas comienzan a encerrarse en sí mismas.
Lo vimos durante la pandemia. Muchas personas dejaron de confiar en instituciones, expertos, médicos o medios de comunicación y buscaron respuestas en espacios muchas veces poco confiables.
Por eso el Papa insiste en la necesidad de reconstruir confianza social.
En el parágrafo 135 aparece uno de los puntos que más me impactó personalmente: la inteligencia artificial adquiere semejante relevancia precisamente porque está basada en el lenguaje.
Y el lenguaje no es solamente una herramienta técnica.
El lenguaje crea realidad. El verbo participa de la creación. La palabra crea vínculos, identidad, comunidad y cultura.
Por eso León XIV afirma que la comunicación no es simplemente transmisión de información. La comunicación es creación cultural.
Y finalmente, en el parágrafo 137, el Papa realiza un llamado urgente a construir una verdadera ecología de la comunicación.
Reglas transparentes. Protección de datos. Fortalecimiento de organismos de control. Periodismo serio. Espacios reales de debate. Escuelas y familias capaces de formar pensamiento crítico y discernimiento digital.
Y aquí nuevamente siento que la misión de la Academia Internacional de Líderes Católicos adquiere una relevancia enorme.
Porque formar líderes hoy ya no significa solamente enseñar doctrina, gestión o liderazgo político.
Significa formar personas capaces de discernir en medio de la complejidad tecnológica, acompañar comunidades humanas reales y defender la dignidad humana en un tiempo de profundas transformaciones culturales.
Y quizás allí esté finalmente una de las grandes invitaciones de Magnifica Humanitas:
No permitir que la revolución tecnológica nos haga olvidar qué significa verdaderamente ser humanos.
Alianza Educativa
Siendo así, en el parágrafo 139, León XIV nos invita a construir una verdadera alianza educativa y nos interpela de manera muy directa: ¿estamos realmente preparados, en medio de la omnipresencia de los medios digitales, la cultura de la inmediatez y la sobreestimulación constante, para comprender cuáles son hoy las verdaderas necesidades educativas de la humanidad?
Y aquí el Papa realiza una afirmación profundamente importante: educar en inteligencia artificial también implica educar para decidir cuándo no utilizarla.
Qué contracultural resulta esta idea en una civilización donde pareciera que todo debe hacerse más rápido, más automatizado y más optimizado.
Porque el exceso, como ya lo hemos visto con las redes sociales y las pantallas, genera cansancio, apatía, aburrimiento y desconexión interior. Y probablemente quienes más sufren esto sean justamente los más jóvenes.
Por eso León XIV dedica varias páginas de la encíclica al rol de la escuela y de la familia. Y sinceramente creo que todos los educadores deberían leerlas con atención.
El Papa insiste en que la educación no puede reducirse únicamente a formar usuarios eficientes de tecnología. Debe seguir formando humanidad.
Y aquí aparece nuevamente una de las ideas más profundas de toda la encíclica: la escuela no está llamada a perseguir la velocidad del mundo digital.
La escuela está llamada a ofrecer aquello que lo digital jamás podrá reemplazar completamente: el tiempo compartido entre seres humanos.
La conversación. La escucha. La presencia. El acompañamiento. La formación del criterio. La experiencia comunitaria.
El Trabajo
En el parágrafo 156, León XIV comienza a desarrollar el tema de la dignidad del trabajo frente a la inteligencia artificial.
Y sí, el Papa reconoce algo evidente: muchos trabajos desaparecerán o serán profundamente transformados.
Pero justamente por eso vuelve a insistir en la importancia de la subsidiariedad y del rol articulador entre instituciones, comunidad, gobiernos, sistema educativo y sociedad civil.
La pregunta ya no es solamente qué trabajos desaparecerán.
La verdadera pregunta es cómo acompañaremos humanamente esa transformación.
Hace poco llegó a mis manos un libro de Serrano y Pelletier titulado ¿En qué piensan los robots?. Es un texto muy interesante porque aborda desde una perspectiva matemática y lógica el funcionamiento de los algoritmos de inteligencia artificial.
Y precisamente en la página 175 aparece una idea que dialoga profundamente con lo que plantea León XIV en este parágrafo.
Los autores citan a Richard Baldwin, profesor de Economía Internacional en el Graduate Institute de Ginebra, durante la Cumbre del Crecimiento 2026 del Foro Económico Mundial:
“La inteligencia artificial no te quitará el trabajo. Lo hará una persona que utilice inteligencia artificial.”
Creo que esa frase resume perfectamente uno de los grandes llamados de esta encíclica.
El problema no es la tecnología en sí misma. El problema es quién accede, quién se forma, quién comprende sus dinámicas y quién queda excluido.
Por eso León XIV no nos invita al miedo. Nos invita a la formación, al discernimiento y a la adaptación responsable.
No necesariamente a correr a la misma velocidad que la revolución tecnológica, pero sí a avanzar con seriedad en la formación humana, educativa y ética de nuestras sociedades.
Y aquí nuevamente siento que las escuelas, las universidades, las familias, las comunidades religiosas y organizaciones como la Academia Internacional de Líderes Católicos tienen una enorme responsabilidad histórica.
Porque formar líderes hoy implica también ayudar a las personas a no quedar excluidas del futuro.
Más adelante, en el parágrafo 190, el Papa León XIV introduce otro de los grandes ejes de toda la encíclica: la guerra y la crisis internacional contemporánea.
Y aquí el documento adquiere una enorme actualidad.
El Papa advierte que la guerra vuelve a aparecer como instrumento de política internacional en un contexto mundial profundamente conflictivo.
Por eso insiste en la necesidad de superar definitivamente la teoría de la guerra justa.
En el parágrafo 198, León XIV es absolutamente contundente: no existe algoritmo capaz de volver moralmente aceptable una guerra.
Y aquí introduce además un tema profundamente contemporáneo: la necesidad de mantener siempre trazabilidad y responsabilidad humana sobre las decisiones tecnológicas vinculadas a conflictos armados.
Porque cuando la decisión sobre la vida humana se automatiza completamente, el riesgo moral y político es enorme.
Multilateralismo
A partir del parágrafo 201, la encíclica comienza a desarrollar uno de los temas que personalmente más me impactó: la crisis del multilateralismo.
Como persona que trabajó más de diez años en Washington vinculada a organismos internacionales, me siento profundamente identificada con el diagnóstico que realiza León XIV.
El Papa describe un sistema internacional cada vez más fragmentado, condicionado por intereses geopolíticos cambiantes y muchas veces incapaz de construir consensos reales en torno al bien común global.
Y en el parágrafo 207 realiza una advertencia particularmente fuerte: cuidado con las reacciones internacionales que se adaptan a las conveniencias de cada gobierno en lugar de analizar objetivamente la gravedad de los hechos.
Qué actual resulta esta afirmación.
Cuántas veces vemos hoy alianzas internacionales construidas más sobre intereses circunstanciales que sobre principios verdaderamente universales.
El Llamado
Y finalmente, León XIV concluye esta encíclica de una manera profundamente hermosa.
Retoma el Magnificat y dedica prácticamente las últimas páginas a la figura de María.
A su sí. A su entrega. A su disponibilidad. A su confianza.
Y antes de terminar, en el parágrafo 216, realiza además una referencia profundamente conmovedora a Papa Francisco.
Francisco, recuerda León XIV, nos enseñó que tocar la carne del que sufre es la única manera de no perder contacto con la realidad.
Y ese “tocar” significa mirar. Escuchar. Abrazar. Acompañar.
Y quizás allí esté finalmente una de las grandes llamadas de esta encíclica para nosotros como líderes católicos.
Volver a la mirada. Volver a la escucha. Volver al abrazo. Volver a la fraternidad.
Crear espacios educativos y formativos profundamente humanos, basados en la familia, las instituciones, las comunidades y el acompañamiento real de las personas.
Seguir difundiendo y profundizando la Doctrina Social de la Iglesia no como un conjunto abstracto de ideas, sino como una guía concreta para este tiempo histórico tan complejo.
Y porque finalmente, como nos recordó ayer el propio León XIV, seguimos siendo llamados a evangelizar, a salir al encuentro y a ser discípulos en todas las naciones.



CONSCIOUS TIME-BINDING DISPATCH | May 25, 2026
Magnifica Humanitas, Milton Dawes, and the Reconstitution of Moral Architecture
https://pc93.substack.com/p/conscious-time-binding-dispatch-may-e57?r=55nkvn